La historia del Baile en Vidrio no comienza en los libros, sino en el éxtasis del trance. Amediados de la década de los 80, el sector de Sorte, epicentro espiritual de la Montaña de Quibayo y hogar de la Reina María Lionza, fue testigo de una revelación. La entidad espiritual conocida como Erik el Rojo, máxima figura de la Corte Vikinga, dictó una sentencia de fe a través de su materia principal, el Hermano Dany Paz.
Esta misión no era un simple capricho ritual; era una necesidad de equilibrio teológico. Así como los ancestros indígenas demostraban su dominio sobre el elemento fuego en el "Baile en Candela", la Corte Vikinga recién integrada al culto necesitaba su propia prueba de templanza. El cristal, afilado y gélido, se convirtió en el elemento elegido para que las materias demostraran que, bajo el permiso de la Reina, el espíritu tiene autoridad absoluta sobre la carne.
La "infancia" de este baile estuvo marcada por un profundo sentido de gratitud. El ritual se fundamentó en dos pilares:
1. La Purificación de la Materia: El contacto con el vidrio busca "cortar" las impurezas espirituales, limpiando el cuerpo del médium para que las energías de los "vikingos" conocidas por su fuerza y severidad pudieran descender con claridad.
