Aura Arbeláez Materia y Custodia del Misterio de la India Yara y la Negra Francisca Camejo "La Yo"
En el tejido místico de Venezuela, pocos nombres evocan tanta autoridad y respeto como el de Aura Adelina Arbeláez. Ella no fue solo una practicante del espiritismo; fue una de las columnas más sólidas del culto a la Reina, una mujer cuya vida se transformó en un legado de sanación y liderazgo como Chamana Indígena del Monumento Natural Cerro María Lionza. Su figura se erige hoy como la de una guardiana que supo custodiar los secretos de la montaña y el poder de sus deidades.
La historia de "Mamá Aura" comenzó bajo el sol radiante de Güiria, Estado Sucre, el 11 de marzo de 1923. Durante cuarenta años, Aura vivió una existencia marcada por la sencillez y la dedicación familiar, sin sospechar que las entidades ya la habían señalado como un instrumento sagrado.
Fue en 1963 cuando el destino intervino a través del dolor. Una enfermedad de origen espiritual un "daño" que desafiaba la lógica médica la empujó a buscar refugio en la fe marialioncera.
Fue en ese encuentro con lo sagrado donde se reveló su verdadera misión: no solo sanó sus males, sino que aceptó el llamado para convertirse en el puente entre el mundo de los vivos y el reino de la Reina.
Su ascenso en el mundo espiritual fue genuino y disciplinado. Reconocida por su rectitud inamovible, fue nombrada Sacerdotisa en las entrañas mismas de la montaña. Aura no solo prestaba su cuerpo; ella entregaba su energía para que la justicia y la sanación descendieran a la tierra.
Aunque su capacidad como materia era vasta y permitía el paso de diversas luces, los principales espíritus con los que laboraba y que marcaron su trayectoria fueron:
1) La India Mara": Su guía fundamental y protectora, con quien misionó por más de 20 años en la Poza del Gran Cacique Mara, en el sector Quibayo.
2) La Negra Francisca Camejo ("La Yo"): Entidad con la que manifestaba una fuerza arrolladora y un carisma sanador único, siendo una de sus manifestaciones más queridas y respetadas.
3)Juana de la Cruz Camargo: Espíritu de gran sabiduría con quien laboraba frecuentemente, pernoctando en el kiosko de Gustavo Ramoni, frente a la casa de la ya fallecida señora Gladys de los Santos Mendoza.
4) Francisca Duarte ("Mamá Pancha"): El Ánima de Taguapire, con quien Aura establecía un vínculo de profunda fe y milagros para los necesitados.
5) Mr. Robinson: Entidad que complementaban su cuadro espiritual, aportando equilibrio y disciplina a sus curaciones espirituales
Dentro del culto, el nombre de Aura Arbeláez es sinónimo de protección y dominio sobre el elemento ígneo. Por décadas, tuvo la altísima responsabilidad de ser la abridora oficial de la Danza al Fuego cada 11 de octubre en Quibayo. Bajo la protección de su guía indígena, Aura recorría las brasas para purificar el portal, garantizando que el camino espiritual estuviera limpio para los danzantes.
Su fe no conocía fronteras dogmáticas; llevaba con igual fervor la misión del Nazareno durante la Semana Mayor, uniendo la devoción popular con el misticismo del culto, demostrando que la luz es una sola sin importar el nombre que reciba.
Tras consolidar un centro espiritual de referencia en el Sector El Limón, Municipio Mario Briceño Iragorry, Estado Aragua, Aura dedicó sus años de madurez a la formación de nuevos caminos. Sus ahijados entre ellos Miguel Mara, Frank Contreras, Leonardo Rodríguez y Manuel González, entre muchos otros, recibieron de sus manos la antorcha del conocimiento, asegurando que su altar permanezca encendido.
El 30 de julio de 2015, a la edad de 92 años, Aura Adelina Arbeláez partió al reino de la Reina en su amado Estado Aragua. Su nombre queda grabado en la historia espiritual de Venezuela como la mujer que transformó su propia herida en una fuente de luz para miles de creyentes.
"Su verdadera fuerza no residía solo en los espíritus que bajaba, sino en la fe inquebrantable de la mujer que los recibía"
