La historia del Baile en Vidrio no comienza en los libros, sino en el éxtasis del trance. Amediados de la década de los 80, el sector de Sorte, epicentro espiritual de la Montaña de Quibayo y hogar de la Reina María Lionza, fue testigo de una revelación. La entidad espiritual conocida como Erik el Rojo, máxima figura de la Corte Vikinga, dictó una sentencia de fe a través de su materia principal, el Hermano Dany Paz.

Esta misión no era un simple capricho ritual; era una necesidad de equilibrio teológico. Así como los ancestros indígenas demostraban su dominio sobre el elemento fuego en el "Baile en Candela", la Corte Vikinga recién integrada al culto necesitaba su propia prueba de templanza. El cristal, afilado y gélido, se convirtió en el elemento elegido para que las materias demostraran que, bajo el permiso de la Reina, el espíritu tiene autoridad absoluta sobre la carne.

La "infancia" de este baile estuvo marcada por un profundo sentido de gratitud. El ritual se fundamentó en dos pilares:

1. La Purificación de la Materia: El contacto con el vidrio busca "cortar" las  impurezas espirituales, limpiando el cuerpo del médium para que las energías de los "vikingos" conocidas por su fuerza y severidad pudieran descender con claridad.

 2. El Derecho a la Pertenencia: El baile fue la ofrenda que la Corte Vikinga entregó a la Madre Reina María Lionza. Fue su manera de decir «presente» en el panteón espiritual venezolano, honrando el suelo que les abría las puertas y demostrando una lealtad inquebrantable a la jerarquía del culto.

Con el paso de las décadas, el Baile en Vidrio dejó de ser una novedad para convertirse en una tradición esperada. Cada 12 de octubre (Día de la Resistencia Indígena y de la Reina) y cada 4 de diciembre (víspera de Santa Bárbara o Changó), el suelo de Sorte se cubre de cristales rotos.

Lo que impresiona a los observadores estudiosos, turistas y devotos es la invulnerabilidad de los danzantes. En medio de cánticos y el sonido rítmico de los tambores, las materias ejecutan movimientos que desafían la lógica física, demostrando que el Baile en Vidrio es una «biografía viva» de la resistencia del espíritu humano frente al dolor.

Tras cuarenta años de práctica ininterrumpida, la sociedad civil y las instituciones políticas finalmente reconocieron la magnitud de este fenómeno sociocultural:

  • Hito Municipal (2022): Bajo la gestión de la Cámara Municipal del Municipio Bruzual, presidida por el Prof. José Silva, el baile salió del anonimato ritual para ser declarado Patrimonio Cultural e Inmaterial del Municipio. Este acto validó la identidad del pueblo de Chivacoa y su vínculo indisoluble con la montaña.
  •  Consagración Regional (2023): La importancia del rito escaló a nivel estadal. El Consejo Legislativo del Estado Yaracuy, bajo la dirección de la legisladora Sherly Romero, otorgó el título de Patrimonio Cultural e Inmaterial del Estado. Este decreto no solo protege la práctica, sino que la eleva a símbolo de la identidad yaracuyana ante el mundo.
Hoy, la biografía del Baile en Vidrio sigue sumando capítulos. Se mantiene como una de las expresiones más puras del espiritismo marialioncero en el Sector Sorte, siendo un testimonio de cómo la espiritualidad vikinga se fundió con las raíces venezolanas.

Bajo la protección del Monumento Natural Cerro María Lionza, el Baile en Vidrio persiste como un recordatorio de que la fe no solo mueve montañas, sino que también es capaz de caminar sobre el filo del cristal sin derramar una sola gota de sangre, siempre en honor a la Madre Reina y a la historia que aún se escribe con cada paso.

Reflexión final: El Baile en Vidrio es la unión perfecta entre lo ancestral y lo legislado; un
puente que conecta el mandato de Erik el Rojo en los 80 con el reconocimiento
institucional del siglo XXI.